lunes

BIOGRAFÍA DE UNA MOSCA


Estaba en el ordenador y de repente se ha posado una mosquita pequeña en la pantalla. Al rato otra. Luego han empezado a revolotear las dos sobre mi. Resulta que me dejé en la basura cerca de la mesa del ordenador una corteza de plátano ( no penséis que soy una cochina, mi intención era tirarla, pero se me olvidó ) y después de un largo proceso de putrefacción pues aparecen las mosquitas. Entonces ha sido cuando me he acordado de el relato que leí este verano en El País sobre "Biografía de una mosca" de Juan José Millás, que trata sobre la historia de Catalina y Prudencio dos moscas de la fruta. Se que no vais a perder el tiempo en leer algo así, pero si alguien tiene curiosidad que lo lea, yo lo dejo aquí como homenaje, tanto a Millás como a las dos mosquitas, que por un día me acompañan aquí, a la luz del ordenador mientras escribo esto.


Me trastorna la belleza de esta mosca, su laboriosidad, su tesón biológico, su voluntad de existir, su perseverancia orgánica. Me conmueve su modo de relacionarse con el macho, me hacen llorar sus enormes ojos (de un rojo bermellón intensísimo), sus elegantes alas, sus patas exquisitamente articuladas, su trompa, su cabeza, su tórax, sus tráqueas, sus genitales... Tengo tanta admiración por sus genes (idénticos, en gran medida, a los míos) que no dudo en afirmar que esta mosca hembra, de nombre Catalina, es un juguete biológico intrigante, una creación orgánica aguda, una manifestación somática sutil en cuya historia (como en la mía) aparecen mezclados todos los ingredientes de un cuento de hadas y de un relato de terror.


Mientras escribo estas líneas, Catalina permanece junto al ordenador, escuchando quizá el tableteo de sus teclas. Tal vez perciba el calor y las radiaciones que emite mi portátil. Vive en el interior de un pequeño cilindro de plástico cuyo techo está formado por una finísima tela metálica, para que respire, y cuya base tiene la forma de un plato en el que hemos extendido una lámina de agar (sustancia gelatinosa, un poco azucarada, ideal para que deposite los huevos) y un pellizco de levadura, a modo de alimento. Hoy, a las 13.00, cumplirá 16 días de vida. Podemos decir que, si todo va bien, Catalina se encuentra en la mitad de su existencia. Pero sigue ágil, copula con regularidad con Pruden, o Prudencio (el macho que le he dado de compañía, no es bueno que la mosca esté sola), come bien y tiene el abdomen lleno de huevecillos que deposita, al ritmo de uno por hora (día y noche), sobre la lámina de agar del receptáculo. No ha abandonado sus hábitos higiénicos ni ha perdido curiosidad por el entorno, aunque está algo más oscura que cuando nació y da menos saltos que los primeros días. Vuela a veces de un lado a otro de su jaula, pero va a la mayoría de los sitios andando. Cuando se cruza con Pruden (o Prudencio), que nació al mismo tiempo que ella (y de la misma madre), lo evita porque en este momento tiene la espermateca llena. No se dejará montar de nuevo hasta que la vacíe. Él, no obstante, lo intenta siempre, no importan el día ni la hora. Pero no es un acosador incómodo, se limita a bailar un rato alrededor de Catalina, agitando las alas de un modo característico. Más que agitarlas, las hace vibrar, produciendo una música ultrasónica, sin duda enormemente seductora, que no nos es dado oír. Luego se coloca frente a ella y acerca su trompa a la de Catalina, como si la hablara o la besara. A continuación se pone detrás y, tras tocar un poco el violín (el ala) y oler los genitales de su compañera, hace un intento de montarla que ella rechaza con las patas de atrás. Pese a que Prudencio está dotado de unos apéndices llamados peines sexuales, pensados para sujetarse en la cópula al cuerpo de la hembra, ahora no le sirven de nada. Su envergadura es menor que la de Catalina. No podría montarla sin su consentimiento. Prudencio es uno de esos maridos menudos, aunque fibrosos y ágiles, que vemos pasear junto a algunas mujeres grandes. Todos los machos de su especie son más pequeños que las hembras. Poseen también un abdomen menos redondeado y más oscuro. Su pene, retráctil, permanece normalmente escondido en la genitalia. Se trata de una estructura fija (no crece, como en el caso de los mamíferos) que saca fuera por medio de unos músculos.


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8 comentarios:

Raquel Gratis total dijo...

que bien escribes!!!

S. dijo...

pues las moscas un poco pesadas si que son..jaja

Cocoladas dijo...

Me gusta mucho Juan José Millás. Es de mis autores españoles actuales favoritos. Creo que tengo y he leído, sino todos, casi todos sus libros.
Mis favoritos son sus cuentos. Adulteros desorientados me divirtió mucho.

Cocoladas dijo...

si no*

Lapetitefille dijo...

NECESITO AYUDAAA carlaa!!! ajajjajaja


muaa!!!

bonita hª, ah y no pienso que eres una cochina ajjaja ami tb me pasa!

Patricia dijo...

te acabo de descubrir, y te he metido en mis pestañas destacadas.
gracias por estar!

B. dijo...

uisssssss creo q te acabo de poner un comentario que no era para ti :S
es q esto de que el ordenador se me muera cada poco jajaj
borralo si eso
bueno, a lo que iba
la historia esta super original jajaj me la lei enterita,
el otro dia descubri tu blog y me mire algunas entradas antiguas porque me encantan tus dibujos y que me encuentro !! sorpresa jajaj pues que eres la chica del anuncio de Lee jajaja me encanta esa foto, la tengo en mi album de recortes de revistas,, pasate por mi blog si tienes tiempo, igual te gusta
un besiito.

María Ramírez dijo...

me gusta el dibujo de las moscas,sí
aunque no me guste en sí el animal